20 años atrás, al oeste de la capital no había otra cosa más que zacatales y carreteras de polvo. El viento no iba porque el lugar era demasiado aburrido y aún se podían ver vacas que paseaban a vista y paciencia de cualquiera dejando “regalitos” a su paso.
Hoy Santa Ana es la Meca del hedonismo y los profundos contrastes sociales de un país que todavía sigue siendo pobre.
Recuerdo muy bien dos reportajes de Telenoticias que marcaron profundamente mi memoria: el primero de ellos informaba que Pozos de Santa Ana, en específico su iglesia católica (una verdadera rareza sabiendo que es una de las pocas que mira hacia el este y testigo misma del accidente del primer damo José María Rico) equivale al centro del país; la otra desnudaba una verdad lamentable digna de analizar: en Santa Ana las personas con altos ingresos tienen el mismo estilo de vida que la clase alta de España y Portugal.

Iglesia de Pozos, la que mira al este
Bueno, pues la realidad es que Pozos es el centro del territorio nacional, lo que es cuestionable es si Santa Ana es un lugar donde el dinero abunda.
Primero que nada, hay que despejar el mito: Lindora no es Santa Ana, es decir “La Milla de Oro” (ese trayecto que va desde Forum 1 hasta el puente del río Virilla) es la cara más conocida pero no la única. Salitral , Matinilla, El Triunfo, El Imas, El Invu y la vieja urbanización Lindora (escenario del desembarco de armas provenientes de Guatemala al grupo rebelde de Pepe Figueres allá por el año de 1948) constituyen esa cara oculta de la sociedad santaneca.
En Santa Ana, viven desde Laura Chinchilla hasta los kechechos… los que viven debajo del puente.
En Santa Ana, tiene casa Don Stockwell pero también aquí vive Ayja… el tipo que parece inmune a los efectos de la ingesta titánica de alcohol.
En Santa Ana, viven los millonarios que pasean en suntuosos automóviles mientras que en algunos lugares no existen ni aceras.
En Santa Ana, el residencial Villa Real construyó una super carretera semi secreta para la entrada de sus importantes habitantes, mientras que la calle de mi barrio tuvo una calle digna 30 años después (luego de que todas nuestras casas se inundaran por las lluvias que desbordaban las cañerías de la misma Villa Real).
En ésta exclusiva zona, el primermundismo se diferencia del tercemundismo, o más bien se separan por un muro y muchas vallas.
Pero siendo francos, la única forma de saber si uno está en uno u otro mundo se descifra si usted va al Auto Mercado y los guardas de seguridad le siguen o no o apelando a ser estricto, si se es de piel clara o no tan clara.
Las drogas del primer mundo -hablo del éxtasis y los ácidos- abundan al oeste del muro, mientras que al este la mariguana, la coca y la piedra están a la orden del día.
Los primermundistas van a Home y a Stereo (también Edgar Davids) . Los tercemundistas van a Howard’s, al Coco y donde Laly.
Ayja va a Coyundas o a donde Beto’s.

La Milla de Oro
Todos van a McDonald’s, Wendy’s, Quizno’s, KFC y Subway.
Los Kechechos no tienen que comer.
¿Dónde comerá Laura Chinchilla? Seguramente Pane Vino, Tre Scalini o Gan Bei no son lo suficientemente exclusivos.
Ayja va donde Taylor.
En Santa Ana existen campos de golf y canchas de tennis, pero los planchets y los plays están vacíos y descuidados. Los plays no son del todo malos, algunos se salvan, pero no son tan buenos como para que los primermundistas los utilicen -por no decir “para que no se mezclen con los tercermundistas“-.
Eso sí, si está en las zonas de montaña, los niños no juegan, trabajan cogiendo café y sembrando culantro (creo que es redundancia designar el mundo al que pertenecen); mientras que los de las zonas bajas se pueden ver en Vertigo comprando juegos de playstation o wii mientras hablan con su nuevo iPhone con sus otros amigos.

El Casco Viejo de Santa Ana
Los perros tercermundistas abundan en el lado este del muro, son flacos y sucios; los primermundistas reciben cuidados en Pet’s Market, son pomposos y comer mejor que los Kechechos.
En Santa Ana hay tipos que manejan Mercedes Benz, BMW y Audi:
Las Colas les cuida sus autos en el parqueo de la iglesia que mira al este a cambio de unas monedas, monedas que sirven para comprar más drogas o al menos subsistir.
Esos Mercedes, BMW y Audis que cuida Las Colas van por la pista, donde también va un autobús: en ese autobús van muchos del lado este que sacan monedas para darle al que vende barriletes, lapiceros y maní. El que vende barriletes, lapiceros y maní se baja del bus en Multiplaza para tomar otros. En Multiplaza se reúnen los primermundistas y los tercermundistas: los primeros comprando y los segundos sirviéndoles.
¿Es Santa Ana una rareza de nuestra sociedad o una copia exacta al carbón de muchas otras comunidades?


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